|
Miguel López Melero, Educador |
||
|
“Tu desarrollo cognitivo depende de la cultura y la educación”
Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán
Del reconocido Dr. en Educación Miguel López Melero destaca su enorme conocimiento y experiencia en el tema de educación para personas con habilidades diferentes –que gran parte de la opinión pública conoce como personas con discapacidad-, para quienes fundó en 1990 el Proyecto Roma, el cual tiene alcance internacional: Italia, España, México, Argentina, Chile, Brasil, Rumania y el Perú. Este proyecto de investigación busca soluciones conjuntas (entre familia, escuela y sociedad) para vencer los prejuicios existentes sobre las posibilidades cognitivas y culturales de las personas con habilidades diferentes, especialmente las que tienen síndrome de Down. Asimismo, el Dr. López Melero, catedrático de la Universidad de Málaga –y ganador el 2005 del Premio Caja Navarra a la investigación en discapacidad intelectual, en España- ha publicado diversos artículos y cinco libros sobre el tema, entre ellos La integración escolar, otra cultura (1990) y Aprendiendo a conocer a las personas con síndrome de Down (1999). Además supervisó durante dos décadas la formación y el desarrollo del malagueño Pablo Pineda, el primer europeo con síndrome de Down que obtuvo un título universitario. En la siguiente entrevista, el experto detalla los conceptos educativos que propone y analiza fríamente la realidad que debe cambiar en el Perú, en torno a las personas con habilidades diferentes.
En el Perú aún se dice en los medios de comunicación y la vida cotidiana, discapacitados a las personas con habilidades diferentes. ¿Cómo hacer para cambiar la terminología y la mentalidad de la gente? Es un proceso. No es fácil cambiar de un día a otro, porque durante mucho tiempo se ha pensado que las personas excepcionales o diversamente hábiles -personas con síndrome de Down, por ejemplo- son deficientes mentales. La verdad es que depende del paradigma en el que te muevas, y del concepto que tengas de la inteligencia. Si la consideras como algo que se hereda y por tanto uno viene ya predeterminado -toda una concepción y un paradigma en torno a esto, fomentados por la medicina y la psicología-, entonces hay personas que están por debajo -digamos- de lo normal; o se establecen patrones normales, debajo o encima de los normales. Bajo ese paradigma se ha ido construyendo a lo largo de la historia este concepto de inteligencia como algo cuantitativo, no cualitativo, en los seres humanos. También se hablaba siempre de la inteligencia desde un punto de vista político. Pero hay tantas inteligencias: social, lingüística, emocional… ¿De qué inteligencia era el Ché Guevara?, ¿o Michael Jordan o Einstein o Mozart? Hay muchas inteligencias. Hoy no se habla de inteligencia sino de talento, distintos talentos. Entonces, nos movemos en un paradigma diferente que se llama cultura de la diversidad, en donde todas las personas somos absolutamente diferentes. Y se es diferente porque las condiciones culturales y el contexto te hacen diferentes, no solamente es la carga génica, porque la genética sólo marca itinerarios posibles. La genética es una posibilidad de ser, no tiene que ser así. Tus genes no son blancos ni negros ni amarillos, ni torpes ni listos ni guapos. Los genes no son eso. Tu desarrollo cognitivo depende de la cultura y la educación. Eso es clarísimo. Por tanto, en este nuevo contexto -que no es tan nuevo ni reciente porque es un paradigma de la inteligencia dinámica- más que preguntar ¿qué es la inteligencia?, lo que hacemos es preguntarnos cómo los seres humanos se hacen inteligentes, cuál es el proceso. Y más que hablar de inteligencia se habla de proceso lógico de pensamiento, pues en este paradigma la persona que antes se llamaba discapacitada, es diversamente hábil porque tiene otro tipo de habilidad -hay todo un espectro dentro del ser humano-. Por eso nunca hablamos de deficientes mentales, respecto a las personas síndrome de Down, sino de personas diversamente hábiles, porque tienen competencias para realizar muchas cosas. Sin embargo, antes estaban estigmatizados como deficientes mentales y punto. Con lo que esto conlleva, porque si eres así -una persona incapaz de aprender-, los modelos educativos son más reducidos y se produce menos desarrollo cognitivo y, al final, terminas siendo un ser inferior de la sociedad. Ese es el problema grave del concepto clásico de inteligencia: pensar que hay seres superiores e inferiores.
¿Cuál es el aporte principal del Proyecto Roma a la vida de las personas con habilidades diferentes? Su aporte más importante –y el foco de nuestro trabajo de investigación- son los contextos, cualificar los contextos. Primero la familia y segundo la escuela. Más tarde, la sociedad. Estamos en el empeño de humanizar los contextos, humanizar una ciudad. Entonces, el primer contexto que hay que cualificar es la familia. Ella tiene que romper con ese diagnóstico que le dice -cuando nace un niño con síndrome de Down-, que él es incapaz de hacer esto y lo otro. Romper con ese diagnóstico y decir: “mi hijo va a ser lo que queramos que sea, en función de la educación que se le dé en el contexto”. O sea, tiene que ser un voto de confianza. Este Proyecto Roma, es el proyecto confianza. Es decir, confío que mi hijo, cognitiva y culturalmente, va a ser una persona autónoma. Por tanto, lo que hay que hacer es mejorar los contextos: familia y escuela.
¿Y qué le ha parecido el nivel del Perú en cuanto al trato social y educativo que se da a las personas con habilidades diferentes, en el poco tiempo que ha podido estar acá? La situación está muy en sus inicios. El Perú tiene por delante, un camino muy largo por recorrer y un reto importante. Tiene que cambiar el modelo educativo e invertir mucho en educación, si entra en el paradigma de la escuela inclusiva, la educación inclusiva, donde lo importante es la presencia de personas excepcionales dentro de las aulas porque vamos a aprender de ellos, y no que ellos se tengan que acomodar a las condiciones que le imponga el sistema. Le queda mucho a Perú por andar, pero no hay más remedio. Aquí tiene que hacer mucho esfuerzo el ministerio de Educación y la universidad. Uno, apoya a la escuela y los maestros, capacitando a los que están ahora en activo. Y por otro lado, cambiando los planes de estudio en las facultades para que en quince, veinte años, sea una realidad esto de la educación inclusiva en Perú.
Gordon Porter, una persona muy importante internacionalmente dentro de lo que es la educación inclusiva, me dijo durante una entrevista que los padres son las personas más importantes durante la educación inclusiva de los niños. ¿El Proyecto Roma también otorga esa misma importancia a los padres? Claro, nosotros trabajamos junto con la familia. Nuestro trabajo consiste en mejorar los contextos: familia y escuela. Eso es lo que hacemos. No hacemos modelos para el sujeto, no queremos que cambien los sujetos sino los contextos. Si se cambia el contexto, todos los componentes que hay dentro de ese contexto van a cambiar. Por tanto, comparto perfectamente con Gordon esta visión, que es sociocultural.
¿Llegará el día en que los niños especiales no deban poner de manifiesto a cada instante sus competencias, sus capacidades, a diferencia de los otros niños? Llegará el momento en que vosotros, nosotros y el resto se dé cuenta de que es hermoso que haya personas excepcionales, y que lleva a ser éticamente madura a esta sociedad. No creo que sean ellos quienes tengan que estar continuamente demostrando que son competentes, sino somos nosotros quienes tenemos que cambiar la flecha de pensar: es hermoso ser diferente. Cuando nos demos cuenta de que en la diversidad es donde la humanidad se debe mover y no en la discriminación, entonces podremos vivir mucho mejor. De eso se trata. El sistema tiene que ser absolutamente bondadoso y generoso para que dentro de él quepan todas las personas. Y no solamente por el handicap (deficiencia o peculiaridad de diverso tipo), sino también por la etnia. Vosotros tenéis muchísima etnia. Es necesario también un discurso intercultural, una educación intercultural. La educación inclusiva es la educación intercultural. Tenemos que ser bondadosos. Es el sistema el que se abre para recibir con los brazos abiertos a la diversidad como un valor y no como un defecto. No es una lacra social, no es un desperfecto de la naturaleza.
Usted que ha viajado por todo el mundo: ¿es muy diferente el trato al niño con habilidades diferentes en América Latina a comparación de Europa, Estados Unidos o Asia? Sí. La accesibilidad que hay a nivel europeo no tiene nada que ver con la situación aquí en Sudamérica. Eso es cierto. Y dentro de Sudamérica hay diferencias. Llevo quince años o más yendo a Argentina, y es otra cosa. No quiere decir que sea el paradigma dentro del cono sur. No. Y en algunas partes de Brasil, también es otra cosa.
¿En Chile? En Chile también. El gobierno chileno, por ejemplo, el ministerio de Educación, durante cuatro años me ha mandado profesores a Málaga, en España, para que los prepare a través de pasantías. O sea, la inversión que ha hecho Chile en educación -en concreto, para la educación inclusiva- ha sido muy grande para preparar a sus profesores. Las sensibilidades son muy distintas, dependen de los gobiernos, de las prioridades de los países. En México, hay partes que están más sensibles: Guadalajara, Chihuahua, mientras que otras están menos sensibles. Pero de todas formas quiero decir que -sin llegar a ningún tipo de comparación- no hay otro camino.
Es inevitable. Es inevitable, sí. No hay otro camino más que la educación inclusiva, la educación intercultural. Más tarde, más pronto, esto tiene que ser así. Pasa igual en Europa. No es en todos los Estados el mismo discurso, entonces depende también de las circunstancias socioculturales, ideológicas del país. Esto es una ley mundial y por aquí hay que andar.
¿Y en España, donde usted trabaja? España, creo que es un paradigma de esto. Donde mejor puede estar: Finlandia, Dinamarca, Italia, España. Se está introduciendo ahora con más fuerza en Alemania y Francia. Pero lo más importante es que nos demos cuenta el resto de la humanidad de que esto es un proceso de humanización, respeto y convivencia para todos. Que no es cuestión de integrar a niños con handicap en las escuelas o la sociedad porque tienen que estar en estos sistemas, sino que somos los sistemas los que nos abrimos, porque eso nos hará mejores personas. A ti te va a hacer mejor periodista esta entrevista, te tiene que hacer. Porque si no cambias tu sensibilidad y pensamiento, tu lenguaje y comportamiento, con todo lo que te estoy diciendo, eres un mero instrumento, un técnico, y creo que este es un proyecto de humanización. Entonces, debes diferenciarte de este aparato (señala mi grabadora). Tu mano, tu pensamiento, tienen que diferenciarse de este aparato, sino eres un técnico, y lo que debes ser es un profesional que humanamente se acerca al conocimiento -en este caso- de este proyecto. Este es un proyecto de humanización.
¿Con handicap se refiere a una deficiencia? Sí, me refiero a síndrome de Down, parálisis cerebral, alguien ciego, sordo, autista; o sea cualquier tipo de peculiaridad cognitiva, lingüística, afectiva o social que pueda ocurrir en una persona.
Son millones de dólares los que invierten los países desarrollados en el tema. Evidentemente. Esto es así. El otro día tuve una reunión con el viceministro (de Educación)…
Idel Vexler. Sí. Y le dije que esto no se puede hacer sólo con la voluntad de los maestros. Es muy importante el cambio de pensamiento en los maestros, pero es necesario invertir económicamente bastante. Se tiene que empezar por los sueldos: el sueldo de un maestro tiene que dignificarse, ser superior. No pueden pedirle innovación a un maestro que no tiene para vivir y debe trabajar por la mañana y la tarde para cubrir las necesidades de una familia. Esto es un proceso que nos va a hacer mejores personas a todos, y por tanto hay que invertir. Necesariamente. Y lo que se invierte en educación, va para la maduración de ese país. Un país se va a distinguir por lo que invierte en educación y salud. Eso está clarísimo, y tus nietos o hijos dependerán de esa educación que se haga en salud y en educación. Perú tiene que invertir en educación, mucho dinero.
En el Perú, 900 mil personas con habilidades diferentes están en edad escolar, entre 0 y 19 años. ¿Qué le diría a los padres peruanos para que confíen en que el Proyecto Roma es una alternativa para el desarrollo personal y educativo de sus hijos? No quiero decirles que todos estén en el Proyecto Roma ni mucho menos porque no puede ser. Lo que sí les digo -independientemente del Proyecto Roma- es que confíen en las competencias cognitivas de sus hijos, que son capaces de aprender siempre y cuando el contexto les ayude. No es una responsabilidad sólo para los padres, sino también para los profesionales. El profesional debe tomar en cuenta que hay investigación a nivel mundial que ha puesto de manifiesto que, efectivamente, a través de la cultura de la diversidad se ha mejorado como profesional. Y no puede ser que un chico síndrome de Down, paralítico o ciego en España, Francia, Italia o Dinamarca pueda progresar y desarrollarse como una persona normal, pero, por nacer en Perú, Colombia o Ecuador no pueda hacerlo. Eso tiene que ir aprendiéndolo. No se puede colonizar, trasladar modelos europeos aquí. Hay que construir el modelo de Perú, dar las respuestas desde Perú. Se tiene que dar estas respuestas cambiando los modelos educativos, la mentalidad. Los medios de comunicación tenéis que hacer una información distinta. Hay que hacer todo un proceso a través de los medios de comunicación, las escuelas, el ministerio, y esto, en veinte o quince años va a cambiar. Les diría que confíen plenamente en que su hijo puede. Todo depende del modo de educación que se dé en la familia y la escuela. No hay otro milagro. No hay una medicina especial. Es la educación y la cultura.
Una curiosidad: ¿por qué el nombre de Proyecto Roma? Roma, porque estuve trabajando desde sus inicios en el hospital Bambino Jesús en Roma. En Italia se conoce como Proyecto Málaga, porque vivo en Málaga. Pero el Proyecto Roma es por eso. En Italia se conoce como Proyecto Málaga, pero en el resto del mundo se conoce como Proyecto Roma. Solamente que en Italia, un poco por deferencia hacia Málaga -donde vivo- le llaman Proyecto Málaga. Sin embargo, en todo el mundo se le conoce como Proyecto Roma. Y en Santiago de Chile, Proyecto Roma Santiago. En Mendoza (Argentina), Proyecto Roma Pensamiento. En Brasil, Proyecto Roma Belo Horizonte. En Guadalajara, Proyecto Roma Jalisco; y aquí, Proyecto Roma Perú. Pero siempre Proyecto Roma. |
||